"La velocidad de la luz en el vacío es un valor constante universal, c (299 792 458 m/s), el mismo medido desde cualquier sistema de referencia inercial. Es, además, la velocidad más alta a la que se puede desplazar cualquier cosa: energía, materia o información." — sobre la teoría de la relatividad
Cuando entendemos la posición de Einstein sobre el punto de observación, comprendemos que debemos ponernos desde otra perspectiva y aceptar que puede haber diferentes soluciones. Quizá así entendamos mejor aquella frase tan repetida pero cierta: las crisis son la oportunidad de encontrar nuevas soluciones.
La física cuántica parece hablar de cosas abstractas, como si regresáramos a la época de la física filosófica; sin embargo, es totalmente pragmática. Es hoy la teoría científica más precisa y exacta, y ningún experimento la ha invalidado. Gracias a ella tenemos celdas fotovoltaicas, hornos de microondas, o la puerta que se abre sola en un supermercado —el sensor que activa el imán existe gracias a esta teoría—; y, según las noticias más recientes, también las computadoras cuánticas.
En 1905, el entonces desconocido Einstein publicó sus primeros estudios sobre la relatividad, y Planck fue uno de los pocos científicos que reconoció de inmediato su importancia. Ante la vieja disputa de si la luz era onda o partícula, Einstein explicó: «en realidad son las dos cosas». Si hacemos un experimento con una ranura o revisamos el comportamiento en una óptica, pensaremos que es una onda; pero si hacemos el experimento fotoeléctrico, entenderemos que se comporta como partícula. Ambas visiones tienen razón; depende de cómo le preguntemos a la ciencia.
