"Cuando tomamos cierto interés en los grandes descubridores y en sus vidas es cuando la ciencia se hace soportable, y sólo cuando rastreamos el desarrollo de las ideas es cuando se hace fascinadora." — James Clerk Maxwell
La influencia de las ideas de Maxwell va más allá de lo especificado: en ellas se basan muchas de las argumentaciones tanto de la teoría de la relatividad de Einstein como de la moderna mecánica cuántica del siglo XX. Su mayor logro fue la formulación de la teoría clásica de la radiación electromagnética, que unificó por primera vez la electricidad, el magnetismo y la luz como manifestaciones distintas de un mismo fenómeno.
Sus ecuaciones describen el campo electromagnético: el campo eléctrico, el campo magnético, su origen, su comportamiento y la relación entre ellos, incluyendo las ondas electromagnéticas como la luz. Describen la corriente eléctrica, los imanes, los rayos, la electricidad estática, las microondas, la radio… Lo increíble es que funcionan juntas: Maxwell encontró la relación entre ellas y la presentó como una teoría que, hasta la fecha, ningún experimento ha contradicho.
Podría parecer que solo recogió las ecuaciones de otros grandes, agregó la última y compartió crédito con ellos —y quizá eso no baste para llamarlo «el padre del electromagnetismo»—, pero sería un gran error. Su genialidad, desde mi punto de vista, está en sintetizar, no en crear. Muchos científicos —Gauss, Coulomb, Faraday, Ampère, Ørsted— habían encontrado piezas del comportamiento eléctrico y magnético, pero analizadas por partes. Aquí aparece la genialidad de Maxwell: se da cuenta de su relación y la demuestra.
Antes de él ya conocíamos la existencia de la carga eléctrica, de dos tipos, con fuerzas de atracción y repulsión; y de materiales como la magnetita, que formaban imanes naturales. Pero la fuerza de las cargas no era la misma que la de los imanes. La electricidad y el magnetismo eran viejos conocidos de la humanidad mucho antes de que Maxwell hiciera su aparición y los uniera.
