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Isaac Newton y la teoría corpuscular de la luz

Serie · Matemáticos y físicos de la luz·7 min lectura·Marco Góngora
El espectro visible: la luz blanca descompuesta
"Para explicar toda la naturaleza no basta ni un hombre ni una edad completa. En su lugar, lo mejor es que el hombre busque un poco de verdad y certeza, dejando el resto para los demás." — Isaac Newton

Es imposible hablar de la luz y de los avances de la física sin pasar por Sir Isaac Newton (1642–1727), físico y matemático, autor de los Principia, donde describe la ley de la gravitación universal y establece las bases de la mecánica clásica. Entre sus descubrimientos destacan sus trabajos sobre la naturaleza de la luz y la óptica —recogidos en su obra Opticks— y, en matemáticas, el desarrollo del cálculo infinitesimal. Sus teorías marcan además una división entre la física clásica y la física moderna.

Newton descubrió que el espectro de color que se observa cuando la luz blanca pasa por un prisma es inherente a esa luz, y no proviene del prisma (como se había postulado). En el siglo XVIII se creía que la luz estaba formada por partículas pequeñas, teoría que permitía explicar la refracción y la reflexión. Newton desarrolló una teoría corpuscular: las fuentes luminosas emiten corpúsculos muy ligeros que se desplazan a gran velocidad, en línea recta, y atraviesan medios transparentes. Curiosamente, era tal su prestigio entre los científicos que la dieron por cierta y no la debatieron demasiado.

Reflexión y refracción: cómo se comporta la luz según Newton

La teoría corpuscular explicaba con claridad la formación de sombras nítidas, pues los corpúsculos viajan siempre en forma recta. Hacia 1800, Thomas Young demostró en un experimento que la refracción y las interferencias lumínicas solo podían explicarse mediante la teoría ondulatoria de Huygens. Y entonces surgió una nueva pregunta: si la luz era una onda, ¿por qué medio se propagaba? En esa época no se concebía que la luz viajara por el vacío; se suponía la existencia de un medio llamado «éter».

La explicación más sencilla llegaría después: en 1905, un oficinista de una oficina de patentes publicó una teoría distinta —la luz no son ondas sino partículas— y explicó el efecto fotoeléctrico. Ahí empiezan las cosas más complejas del pensamiento de Einstein, quien resolvió el dilema: «en realidad, son las dos cosas; el tema está en cómo preguntamos a la ciencia y qué queremos que nos responda».

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